Cuando os alojéis en alguna de nuestras casas y os asoméis a las terrazas del lado norte, la del dormitorio y la del salón respectivamente, veréis una gran extensión de campo coronada por la imponente Sierra Cabrera. Entre las colinas y los cerros que la componen discurre la Rambla de la Maquisa. Hace poco tuve ocasión de charlar con un mojaquero de toda la vida, el dueño de Piensos Jabalí y Jarapas La Maquisa, ambos negocios situados en la carretera que sube al pueblo, el uno al lado del otro, y aunque el muchacho desconocía que la rambla que desemboca en la playa Vista de los Ángeles se llama así, la Maquisa, me contó el origen del nombre. Resulta que un día, hace como un millón de años, apareció en la famosa fuente del pueblo una mujer lavando trapos. Hablaba poco tirando a nada y todo en ella era un misterio. Lo único que hacía era lavar a cambio de mendrugos de pan con caballa, a cualquier hora del día y de la noche, incluso dormía allí, apoyada en una almohada de ropa, como si una fuerza invisible la retuviera. Dicen que con el tiempo, la sosa cáustica que contenían los jabones de aquella época le otorgó a su piel una cualidad transparente y acuática, y que su cuerpo se adaptó de tal forma a la postura de lavandera que, aunque se pusiera de pie, parecía seguir lavando. Y un día, de repente, ya no estaba, desapareció, y a nadie le dio por buscarla porque, en el fondo, a todos les pareció lógico. Los parroquianos y parroquianas de Mojácar sabían que era real porque la habían visto con sus propios ojos (algunas abuelas y abuelos todavía pueden dar fe), sin embargo, lo único que quedó de ella fue el misterio y la duda, ¿la habían visto realmente? Nunca se supo de dónde vino ni a dónde se fue, no se conocieron sus apellidos ni el nombre de sus padres, y poco a poco la leyenda fue transformándola en una especie de ninfa. Un ser que surgió del agua y que acabó fluyendo con ella.

Pues bien, si venís con vuestras mascotas, la rambla de la Maquisa es un lugar perfecto para pasearlas sin necesidad de llevar ninguna bolsa encima. El pequeño sendero se inicia por encima de la pista de tenis. Con un poco de suerte, podréis ver una tortuga, un camaleón, un erizo o un incluso un jabalí. Junto al cauce hay un cortijo habitado exclusivamente por perros. A veces, sin venir a cuanto, en plena noche, se ponen todos a ladrar a cuál más desesperado, como si la Maquisa en persona anduviera cerca.

 

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