SEÑALIZADOS

 

            Sendero Mina de Mena-Macenas.

            Antes de su construcción, no se podía llegar andando a la playa de Macenas a no ser que te jugaras la vida durante algo más de un kilómetro por la cuneta de la carretera de Carboneras. Este sendero, que se inicia en la rambla de Alfaix, junto al Hotel Best Indalo, en el extremo sur del Paseo del Mediterráneo, planea sobre los acantilados y llega hasta la antigua mina de Mena, de la que se extraía hierro, y luego a Macenas. Una vez pasado el castillo del mismo nombre, hay dos opciones, una, seguir junto al mar por un camino de tierra y llegar hasta el chiringuito Manaca, pasando antes por la Torre del Peñón o Pirulico, el chalé La Rosa de los Vientos y la Playa del Elefante; y la otra, tomar un camino que se inicia frente al chiringuito de Macenas, justo después de cruzar la rambla de Sopalmo, que asciende y asciende hasta dos observatorios desde los que se aprecia una panorámica de gran belleza.

 

Sendero de las Huertas de Mojácar

            La verdad es que no todo es desierto en Almería. Existen parajes como éste de las huertas donde la vegetación apenas encuentra sitio para crecer. Sin duda se debe a la gran cantidad de agua que atesora Sierra Cabrera en sus entrañas. La Fuente de Mojácar, además de ser un lugar histórico, proporciona agua durante todo el año todos los años desde que el mundo es mundo. Nadie recuerda que haya dejado de fluir por culpa de ninguna sequía. Fluye constantemente y toda esa agua se aprovecha para regar y mucha gente, además, la utiliza para beber porque lo cierto es que está muy buena. El sendero nos muestra este mundo interior plagado de frutales como nísperos, naranjos, mandarinos, limoneros, aguacates, olivos y toda clase de flores silvestres. En su recorrido circular pasa junto a Mojácar la Vieja, un cerro con forma de pirámide que debe su nombre a que allí se estableció el primer asentamiento humano que más tarde se convirtió en Mojácar. Entre las piedras podemos encontrar montones de restos arqueológicos.

 

POR LIBRE

            Senderos no señalizados, casi nadie los conoce salvo nuestras amigas de la Oficina de Turismo y los residentes en Mojácar, por lo que no suelen tener mucho tránsito.

Subida al Picacho

            Si os fijáis bien en la orografía que rodea al pueblo, veréis que en la parte alta, muy por encima de las casas, hay unas antenas de televisión. Ese es el Picacho. Desde allí, las vistas son sencillamente espectaculares. Para llegar, podéis dejar el coche en la Plaza del Rey Alabez y subir por la calle Fuensanta, junto al colegio Bartolomé de las Casas, que se encuentra en esa misma plaza. Y ya está, os espera una bonita subida. También se puede recorrer en coche pero no tendría tanta gracia. Los algarrobos, los almendros y los pinos carrascos, junto con atractivos cortijos abandonados, serán vuestros compañeros de ruta hasta arriba. En un punto determinado del camino, concretamente en una curva hacia la izquierda, sale otro camino hacia la derecha, muy deteriorado y con gran pendiente, que llega a un manantial rodeado de eucaliptos gigantes donde viven cangrejos rojos, y pasa junto a una mina de agua; aunque se trata de una propiedad particular, la cabra siempre tira para el monte y si nuestras intenciones son buenas, por ejemplo, un sencillo amor a la naturaleza, merece la pena arriesgarse, entre otras imágenes de gran belleza, podréis contemplar una postal del pueblo que no se suele encontrar en los expositores. Suerte.

 

Rambla de Sopalmo

            Sopalmo es una preciosa pedanía de Mojácar situada en la carretera de Caborneras, a unos diez o quince minutos en coche desde estos apartamentos. Recordad este nombre porque tiene muchas cosas que ofrecer. Un cortijo es un cortijo, y una cortijada es un conjunto de cortijos agrupados, y eso era Solpamo en su origen. Junto a él pasan dos ramblas, la que lleva su nombre, que desemboca en la Playa de Macenas, y la de La Granatilla, (la de las playas secretas). Contrariamente a lo que pudiera parecer, y aunque las ramblas solo aspiran a ser ríos cuando llueve que lo vives, en su interior siempre llevan agua. Por ese motivo en Sopalmo se construyeron en su día tantos cortijos y cortijadas, por la abundancia de esa riqueza líquida que le da tanta vidilla al campo. El paseo que os propongo puede iniciarse en el mismo castillo de Macenas, pero no es necesario a no ser que lo hagáis en bici. Si vais en coche, podéis dejarlo frente al único bar del pueblo a fin de hacer un rápido recorrido entre las calles (no más de dos o tres minutos), los vecinos las han llenado de macetas y han hecho de Sopalmo un lugar realmente atractivo. El bar se encuentra a la izquierda según se va a Carboneras, a la derecha está la fuente y un camino asfaltado que también podéis bajar en coche si en los márgenes de la carretera no veis ningún sitio libre para aparcar. Y mi propuesta es caminar hacia arriba, por el camino de la rambla, y seguir subiendo hasta que camino y rambla se dividen. En ese punto se inicia una cuesta muy seria que después de seis o siete curvas se lo toma con más calma dando paso a un mundo de valles, cortijos abandonados y a un tiempo que parece transcurrir a una velocidad mucho más lenta. La experiencia es visual, geológica, olfativa, auditiva, fotográfica y mística.

 

 

            Camino del Río Aguas

Hay dos, uno asfaltado y el otro de tierra. El de la derecha según se mira hacia el oeste es el que toman los camellos en sus excursiones diarias. Es un recorrido corto, de apenas un kilómetro, pero suficiente para comprobar hasta qué punto es intrincada la vegetación que crece en esta desembocadura. Acaba en una cantera, pero desde allí, si uno lo desea, pude seguir caminando a la vera del cauce. Si camina mucho llegará a Turre, pasando junto a alguna que otra escombrera hasta aquí de basura. Pero mucho antes de eso nos encontraremos a la izquierda el cerro de Mojácar la Vieja, tras pasar bajo el puente de la carretera. No hay senderos para subir, pero es fácil hacerlo, yo lo hice con dos niños, uno de ellos, Ernesto, con cuatro o cinco años. Las laderas están llenas de restos arqueológicos y en lo alto queda mucho de algo que en su día fue un aljibe.

La buena noticia es que en 2014, la Concejalía de Turismo de Mojácar ha aprobado la ampliación del Sendero de las Huertas, prolongándolo hasta los humedales del río Aguas, justo lo que yo decía más arriba, y que en dichos humedales quieren construir un observatorio ornitológico, humilde idea que les propuso sabiamente uno de los responsables del Gran González.

 

 

 

Camino a las antenas.

¿Qué senderista aconsejaría un recorrido asfaltado para ver unas antenas de telefonía móvil y escuchar el constante runruneo de los transformadores? Vale, pues llamémosle paseo con vistas. Está muy cerca del GG, de hecho, si os asomáis a las terrazas y miráis hacia el oeste, veréis el cerro y las antenas. Lo descubrimos gracias a Sandra y Pegaso. Se puede ir en coche sin ninguna clase de remordimiento. A pie, entre ir, ver y venir, se tarda alrededor de una hora y media. Calle Miguel Hernández hasta arriba, calle Murillo hasta el final, sabréis que es final porque hay una fachada muy alta y un cartel que reza, Altos del Cantal. A la derecha desciende la calle Picasso, pasamos de Picasso, mejor por la izquierda, veinte metros a lo sumo, entonces, a la derecha, se toma la calle San Isidro, y hasta que bajéis una tremenda cuesta y lleguéis a un cruce, donde la dirección correcta es derecha (por cierto, aquí empieza el camino que llega casi al pueblo y que, si sabéis utilizarlo, os puede librar de grandes retenciones veraniegas en el Paseo del Mediterráneo). Se cruza un puentecito sobre la rambla de la Maquisa y entonces comienza la verdadera ascensión (si en lugar de ascender giráis a la derecha en el siguiente cruce, llegaréis a la gasolinera o un poco más arriba porque la carretera se bifurca al final). En dicho cruce hay un cartel azul en forma de flecha donde puede leerse “B&B CASA DE LOS ARCOS”. La flecha indica el camino y la intuición os dirá que sigáis subiendo sin preocuparos de la pendiente y sin caer en la tentación de girar a la izquierda en el primer desvío ni a la derecha en el segundo. La Casa de los Arcos es un callejón sin salida y queda a la derecha. Antes de llegar, veréis casas muy chulas como el Cortijo Azahara. El camino asfaltado acaba justo en las instalaciones radioeléctricas. Se trata de la cúspide de un cerro con vistas al mar y a uno de los barrancos más pronunciados de la sierra; una espectacular visión de conjunto de toda la zona del Cantal y, por el otro lado, una silenciosa panorámica de Sierra Cabrera.

Desde ahí se inicia un sendero apenas intuido entre la maleza que llega hasta los picos más altos.

 


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